Un buque de guerra de la Real Marina británica y aviones de patrulla marítima P8 han rastreado tres submarinos rusos, incluyendo dos naves de clase Gugi de aguas profundas, que intentaban inspeccionar cables submarinos y tuberías. El daño a estas infraestructuras tendría consecuencias graves, según advirtió el presidente ruso, Vladimir Putin. Mientras tanto, Estados Unidos y sus aliados están ampliando sus esfuerzos para proteger el lecho marino.
Un buque de guerra de la Real Marina británica y una aeronave de patrulla marítima P8 han rastreado a tres submarinos rusos, incluyendo dos embarcaciones de clase Gugi para aguas profundas, que intentaban inspeccionar cables submarinos y tuberías.
El incidente ocurre en un contexto de creciente preocupación por la seguridad de la infraestructura crítica en el lecho marino. Expertos advierten que cualquier daño a estos cables, que transportan el 97% del tráfico global de internet y miles de millones en transacciones financieras diarias, "tendría consecuencias graves", según declaraciones atribuidas al presidente ruso Vladimir Putin.
En respuesta, Estados Unidos y sus aliados están ampliando sus esfuerzos para proteger estas redes submarinas. La OTAN ha incrementado las patrullas en zonas clave, mientras que países como Reino Unido, Noruega y Canadá han reforzado su cooperación en vigilancia y respuesta rápida ante posibles amenazas.
Los submarinos de clase Gugi, conocidos por su capacidad para operar en aguas profundas y desplegar vehículos no tripulados, han sido vinculados en el pasado a actividades de espionaje y sabotaje cerca de infraestructuras críticas. Fuentes militares occidentales sugieren que Rusia podría estar mapeando rutas para futuras operaciones encubiertas.
Este último episodio subraya la guerra silenciosa que se libra bajo los océanos, donde cables y tuberías se han convertido en objetivos estratégicos en conflictos geopolíticos modernos.




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