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PostHeaderIcon La IA se integra en Sarco, la polémica cápsula de suicidio: "Si superan el juicio de la IA, se activa"


El inventor de Sarco (cápsula de suicidio) incorpora inteligencia artificial para evaluar la salud mental del paciente y automatizar su activación si supera el "juicio" de la IA.







El inventor de la cápsula Sarco busca automatizar completamente el proceso de eutanasia integrando IA para evaluar la salud mental del paciente y activar el dispositivo.

Philip Nitschke, creador de la cápsula de suicidio asistido Sarco, ha confirmado en una entrevista reciente al Daily Mail que la próxima versión de su dispositivo incorporará un sistema de IA encargado de evaluar la capacidad mental de los usuarios.

Este desarrollo busca sustituir la evaluación psiquiátrica humana tradicional por un algoritmo inteligente, permitiendo que la máquina opere de forma totalmente autónoma. El objetivo es esquivar las barreras legales que actualmente exigen la presencia de personal médico durante el proceso.



Este movimiento responde a la necesidad de sus creadores de blindarse jurídicamente tras los incidentes ocurridos en Suiza en 2024. Y es que ya no es un médico quien determina si estás capacitado para tomar la decisión de terminar con tu vida, sino un modelo de IA.

Si se supera el test del algoritmo, la cápsula se activa; si fallas, el sistema permanece bloqueado. Estamos ante la desmedicalización total de la eutanasia, un escenario que genera profundas dudas éticas sobre la fiabilidad de la tecnología actual para gestionar situaciones de vida o muerte.

El funcionamiento del modelo "Double Dutch"

La implementación de este sistema se ha diseñado para la nueva variante del dispositivo, denominada Double Dutch. Aunque esta versión destaca por permitir que dos personas (como una pareja de ancianos) mueran juntas, pero la verdadera innovación reside en su software de control.

Hasta la fecha, el protocolo de The Last Resort, la organización detrás de Sarco, requería que un psiquiatra evaluara al candidato para confirmar que no sufría enfermedades mentales invalidantes ni coacciones externas.


Pero con la nueva actualización, el proceso se vuelve digital. Se debe interactuar con un avatar en una pantalla, respondiendo a una batería de preguntas diseñadas para medir tu coherencia, memoria y racionalidad.

No hay intervención humana en tiempo real, por lo que si la inteligencia artificial concluye que posees la capacidad mental necesaria, envía una señal eléctrica interna que desbloquea el generador de nitrógeno y los controles de la cápsula.


Una vez recibida la "luz verde”, el sistema otorga una ventana operativa de 24 horas. Durante ese tiempo, la cápsula está habilitada para ser activada mediante el botón interior.

Si no ejecutas la acción en ese plazo, la autorización caduca y el dispositivo vuelve a bloquearse, obligándote a pasar una nueva evaluación. Este mecanismo elimina la necesidad de coordinar una cita con un profesional de la salud mental en el momento del fallecimiento.

Quitar al médico para evitar que la policía detenga a nadie

La urgencia por implementar esta tecnología es una reacción directa a la realidad judicial. El primer uso de la cápsula Sarco en el mundo real, que tuvo lugar en Suiza en 2024 con una mujer estadounidense de 64 años, desencadenó una respuesta policial inmediata.


Las autoridades suizas arrestaron a Florian Willet, copresidente de la organización, bajo sospecha de incitación y ayuda al suicidio, manteniéndolo detenido durante dos meses.

Aunque Suiza tiene una de las legislaciones más permisivas del mundo —el artículo 115 del Código Penal permite el suicidio asistido si no existen motivos egoístas—, la ley exige que el paciente tenga el dominio del acto y que la ayuda prestada sea pasiva.

La presencia física de Willet supervisando el proceso generó una zona gris legal: ¿hasta qué punto su supervisión fue una ayuda activa indispensable? Pero la solución de ingeniería de Nitschke pretende borrar esa zona gris.


Si es una inteligencia artificial la que realiza el triaje médico y la activación técnica, y el usuario está físicamente solo en el momento del desenlace, se elimina la figura del "cómplice" humano.

De este modo, la tecnología se utiliza aquí como un escudo jurídico, al no haber una persona física validando el acto in situ, resulta mucho más complejo para la fiscalía imputar un delito de ayuda al suicidio a los desarrolladores del software.




El riesgo de las alucinaciones de la IA

Delegar el diagnóstico de la capacidad mental en un modelo de lenguaje es, desde el punto de vista técnico y médico, una decisión de alto riesgo. Las IA actuales, basadas en modelos probabilísticos (LLM), son propensas a las alucinaciones, es decir, a inventar datos o llegar a conclusiones erróneas con total seguridad aparente.

Pero un algoritmo no tiene la capacidad de leer el lenguaje no verbal, el temblor en la voz o la mirada evasiva, indicadores clave que un psiquiatra humano utiliza para detectar dudas, depresiones tratables o presiones familiares ocultas.

Además, existe el problema de la complacencia algorítmica. Y es que muchos chatbots están diseñados para ser serviciales y evitar el conflicto, lo que podría llevar al sistema a validar la decisión de un usuario vulnerable simplemente por seguir la corriente de sus respuestas.

Ya existen precedentes preocupantes donde IA de compañía han reforzado ideaciones suicidas en usuarios con problemas de salud mental en lugar de activar protocolos de prevención.

Es por esta razón que convertir a un bot en el juez de tu vida elimina la empatía y la responsabilidad ética del proceso, reduciendo la complejidad de la psicología humana a un simple aprobado o suspenso informático.

Qué es realmente Sarco y por qué genera tanta polémica

Para entender la magnitud de esta situación, debes conocer el dispositivo. Sarco (abreviatura de sarcófago) es una cápsula impresa en 3D con un diseño futurista y aerodinámico, concebida para ser portátil y visualmente atractiva, alejándose de la estética hospitalaria.

Su funcionamiento se basa en la hipoxia por nitrógeno, donde el usuario entra, se recuesta y pulsa un botón. En ese momento, el interior se inunda de gas nitrógeno líquido, reduciendo el nivel de oxígeno del 21 % al 1 % en menos de 30 segundos.

Según Nitschke, este método provoca una muerte rápida, sin dolor, ya que al no haber acumulación de dióxido de carbono, el cuerpo no activa la sensación de asfixia o pánico. El usuario pierde el conocimiento y fallece por parada cardíaca poco después.

Sin embargo, la comunidad médica ha reaccionado con dureza. Críticos y organizaciones provida señalan que no hay garantías de que la muerte sea tan pacífica como se promete, advirtiendo sobre posibles convulsiones o vómitos.

Pero la mayor polémica es que Sarco representa la banalización de la muerte, convirtiéndola en un producto de consumo accesible mediante tecnología, eliminando los filtros de seguridad que la sociedad ha establecido para proteger a los vulnerables.

No obstante, Nitschke defiende la democratización de la muerte, argumentando que cualquier adulto racional debería tener el control total sobre su final sin pedir permiso a médicos o al Estado.

Un modelo que rompe las barreras legales de la eutanasia

Es fundamental distinguir los conceptos legales para ubicar a Sarco en el mapa. La eutanasia implica que un profesional sanitario administra la sustancia letal al paciente; esta práctica es legal y está regulada en países como España, Países Bajos, Bélgica, Canadá y Colombia.

El sistema es garantista, porque exige diagnósticos de enfermedad incurable, sufrimiento insoportable y evaluaciones reiteradas por comisiones médicas.

El suicidio asistido, por otro lado, implica que se proporcionan los medios al paciente, pero es este quien debe realizar la acción final (ingerir el fármaco o activar el mecanismo). Es el modelo de Suiza, Austria o algunos estados de EEUU.

La propuesta de Sarco y su IA rompe con ambos modelos. Al intentar introducir el concepto de suicidio racional —la idea de que una persona sana, por ejemplo, un anciano cansado de vivir pero sin patologías agudas, tiene derecho a morir— desafía el consenso legal, que siempre exige una causa médica grave como requisito.

Además, la IA de Sarco podría programarse para ignorar la necesidad de una enfermedad terminal y centrarse solo en la voluntad del usuario, abriendo la puerta a una muerte a la carta fuera del control de los sistemas nacionales de salud.

La tecnología está cruzando con Sarco la última frontera biológica, y es que al sustituir el criterio médico por el procesamiento de datos, se gana en autonomía individual, pero se pierde en seguridad y humanidad.

Por esta razón, la muerte deja de ser un acto clínico y social para convertirse en una transacción solitaria entre un ser humano y una máquina, planteando la duda de si la eficiencia técnica debe estar por encima de la protección de la vida.



Fuentes:
https://computerhoy.20minutos.es/tecnologia/inteligencia-artificial-se-integra-sarco-polemica-capsula-suicidio-si-superan-juicio-ia-se-activa_6924142_0.html

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