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PostHeaderIcon Del manuscrito creado por Leonardo Da Vinci de Bill Gates al submarino de Elon Musk: los caprichos más caros de los millonarios


Los millonarios como Bill Gates y Elon Musk gastan fortunas en caprichos exclusivos, desde el manuscrito de Leonardo Da Vinci adquirido por Gates hasta el submarino personal de Musk, demostrando sus extravagancias más costosas.




¿Alguna vez has soñado con comprar el coche de una de tus películas favoritas, o hacerte con una publicación historia por varios millones? Hay quien lo hace realidad.

¿Para qué está el dinero si no para gastarlo? Eso parece ser lo que piensan muchos multimillonarios, desde el mediático Bill Gates hasta el siempre polémico Elon Musk, a la hora de darse algunos caprichos. No son los únicos, claro, pero lo cierto es que estos gurús tecnológicos, de carácter aparentemente pragmático, también tienen sus fetiches ocultos.

Por supuesto, es algo que pueden permitirse gracias a sus desorbitadas fortunas. De lo contrario, ¿quién podría ser el derrochador lector capaz de gastarse más de 30 millones de dólares en un libro antiguo? No es precisamente lo mismo que adquirir alguna edición clásica en Wallapop, precisamente.

De Bill Gates a Elon Musk, los caprichos de los multimillonarios (tecnológicos)

Durante mucho tiempo, Bill Gates fue considerado el hombre más rico del mundo. Esto era cuando lideraba (aparentemente con puño de hierro) Microsoft, y era un empresario en toda regla. Es decir, antes de que decidiera, supuestamente, volverse un filántropo y decidir cosas tan particulares como ceder su fortuna a obras sociales y cosas por el estilo.

En concreto fue en el año 1994 cuando Bill Gates aceptó darse un capricho que dio la vuelta al mundo: compró el Códice Leicester, un manuscrito original de Leonardo da Vinci, por unos 30,8 millones de dólares. En aquel momento se trataba de la obra más cara vendida nunca en una subasta que, en lugar de estar en un museo, terminó en el despacho del fundador de Microsoft.

Elon Musk, por su parte, demostró también ser un mitómano, aunque en su caso centrándose en dos de sus pasiones: el cine y la ciencia. En 2013 decidió gastarse un millón de dólares (calderilla, cabe suponer) en el coche-submarino de la película de James Bond La espía que me achuchó. En su momento, el mandamás de Tesla dijo que quería hacerlo funcionar realmente.

Otro caso llamativo es el de Jeff Bezos, fundador de Amazon, cuyo interés por la historia se ha centrado en la carrera espacial. Bezos financió una expedición para recuperar motores originales del cohete Saturn V del Apolo 11 desde el fondo del océano Atlántico. La broma costó decenas de millones de dólares, y no le generó ganancia alguna.

Nuevos ricos, viejas costumbres

También bastante mediático ha sido igualmente el caso de Jack Dorsey, cofundador de Twitter. Este protagonizó uno de los episodios más curiosos de la era digital al vender el primer tuit de la historia como NFT por 2,9 millones de dólares. También en Internet pueden existir derroches, parece, no solo en el coleccionismo físico.

El último en sumarse a este particular "club" no ha sido otro que Reed Hastings, uno de los creadores de Netflix, quien ha invertido cien millones en hacerse con una estación de esquí entera. Es verdad que Hastings no es tan mediático como otros millonarios, pero si sigue así, seguro que eso no tarda en cambiar.



Fuentes:
https://computerhoy.20minutos.es/tendencias/manuscrito-creado-por-leonardo-da-vinci-bill-gates-submarino-elon-musk-los-caprichos-mas-caros-los-millonarios_6921641_0.html


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